domingo, 9 de marzo de 2014

PEQUEÑA SELECCIÓN INGLESA

Aunque con mayor promiscuidad que la literatura castellana, tampoco la literatura erótica en lengua inglesa es excepcionalmente relevante. Franceses e italianos se llevan la palma. Serían autores como John Cleland, D.H. Lawrence y Miller quienes elevarían el erotismo a los altares literarios. Si bien, tampoco podemos obviar obras como SODOMA de Willmot, el atávico LIBRO DE EXETER, las novelas de Burroughs o algunas obras de Bukowsky. La lengua inglesa se ha enfrentado a problemas semejantes a los que ha hallado el castellano en sus posibilidades de expresión. Ambos son idiomas sin términos medios, pasan del vocablo técnico al vocablo vulgar, sin que exista uno apto para cualquier oído. La mojigatería contaminó el idioma y condenó la expresión erótico-pornográfica -que no el pensamiento-.Todo se agravó bajo el gobierno de la Reina Victoria. Con anterioridad, las voces consideradas
ahora procaces y de mal gusto, eran aceptadas, ajenas al envenenamiento del ochocientos. A esta época pertenecen la mayoría de los poemas que a continuación se recogen: epitafios, epigramas, pequeños ingenios.
La presente selección se nutre en las versiones originales de la edición ANTOLOGÍA DE POESÍA ERÓTICA INGLESA de Jesús Díaz García, publicada por Ediciones El Carro de la Nieve en 1991. Las traducciones han sido realizadas por Matthew Perret, Jesús Palomo y Alfonso Salazar. Esperamos que estos pequeños poemas surtan el fin propuesto: goce y deleite ante los talentos que llevaron el erotismo a la lengua.

SIR JOHN HARINGTON (1561-1612)
Against An Old Lecher

Since thy third curing of the French infection
Priapus hath in thee found no erection,
Yet eat’st thou rigoes, and potato roots,
And caviar, but it little boots.
Beside the bed’s head a bottle’s lately found
Of liquor that a quart cost twenty pound:
For shame, if not more grace, yet shew more wit,
Surcease, now sin leaves thee, to follow it.
Some smile, I sigh, to see thy madness such
That that which stands not, stand thee in so much.

Aproximación castellana al texto:
A un viejo verde
Es la tercera vez que te curan el mal francés (1) / y
Príapo (2) no te concede erección alguna/ por mucho
que comas cardos, tubérculos/ y caviar, poco
provecho te hacen./ A la cabeza del lecho últimamente
se halla una botella/ de un licor que cuesta
veinte libras el cuarto./ Por vergüenza, si no más
decencia, muestra al menos más inteligencia./
Ahora que el pecado te abandona, no insistas en
perseguirlo./ Los hay que sonríen, pero yo suspiro,
al ver locura tal/ que lo que ya no se mete en ningún
sitio, a ti te meta en tanto lío.

1. La sífilis.
2. En mitología, hijo de Afrodita y Dionisos, dotado de un pene
descomunal.

SIR JOHN DAVIES (1569-1626)
In Francum

When Francus comes to solace with his whore,
He sends for rod and strips himself stark naked:
For his lust sleeps, and will not rise before,
By whipping of the wench, it be awaked.
I envy him not, but wish I had the power
to make myself his wench but one half hour.

Aproximación:
In Francum
Cuando Francus busca consuelo con su puta/ manda
traer una vara y se desnuda por completo:/ su
lujuria duerme, y no se desperezará,/ hasta que los
azotes de la moza la despierten./No le tengo
envidia, pero ojalá pudiese/ convertirme en su
moza durante tan sólo media hora.




ANONYMOUS(C.1630?)

Underneath this stone
Underneath this stone and brick
Pull out your pintles and piss upon her.

Aproximación:
Bajo esta piedra
Bajo esta piedra/ yace una que en otro tiempo disfrutó
un buen número de pollas./ Que todo el que pase por
aquí, le haga el honor/ de sacarse el paquete y mearse
encima.

SAMUEL PICK (c.1639)
EPIGRAM

Ay me(quoth Amy) who would ere have thought,
So great a mischief should arise at naught;
Which had she knowne ere she began to swell,
Each yard of pleasure should have prov’d an’ell.

Aproximación:
Epigrama
Ay de mí (dijo Amy)quien hubiese pensado/ que tanta
desgracia se originase en tan poco;/si lo hubiese
sabido antes de empezar a inflarse,/ cada tramo de
placer le hubiera parecido un infierno.

ANONYMOUS (c. 1661)
Insatiate Desire

O that I could by any chemic art
To sperm convert my spirit and my heart,
That at one thrust I might my soul translate
And in her womb myself degenerate.
There steeped in lust nine months I would remain,
Then boldly ---- my passage back again.

Aproximación:
Deseo Insaciable
Ojalá pudiese por algún arte químico/convertir en
esperma mi espíritu y mi corazón/ y de un empujón
meterle mi alma/ en su útero y descomponerme./Allí
bañado en placer permanecería nueve meses/ y saldría
triunfante por el mismo camino.

ANONYMOUS (c. 1670)
Stand, Staley Tavie

Stand, Staley Tavie, out of the codpiece rise,
and dig a grave between thy mistress’ thighs;
Swift stand, then stab ‘till she replies,
Then gently weep, and after weeping, die.
Stand, Tavie, and gain thy credit lost;
Or by this hand I’ll never draw thee, but against a post.

Aproximación:
Levántate, noble picha.
Levántate, noble picha, y sal de la taleguilla/cava
una tumba en la entrepierna de mi amante/ponte recta
y apuñala hasta que ella responda/para luego llorar, y
tras el llanto, morir./Levántate, picha, y gana el honor
perdido/ o con esta mano nunca te sacaré
sino frente a un pilar.

ALEXANDER POPE (1688-l744)
Two or Three:

A Recipe To Make a Cuckold
Two or three visits, and two or three bows,
Two or three civil things, two or three vows,
Two or three kisses, with two or three sighs,
Two or three Jesus’s -and let me dies-
Two or three squeezes, and two or three towses,
With two or three thousand pound lost at their houses,
Can never fail cuckolding two or three spouses.

Aproximación.
Dos o tres:
Receta para poner los cuernos
Dos o tres visitas y dos o tres reverencias,/dos o tres
cortesías, dos o tres promesas,/ dos o tres besos, dos o
tres suspiros,/dos o tres ¡Cristo!, -y “me matas”-/ dos o
tres apretones, y dos o tres magreos,/ con o dos o tres
mil libras libras jugadas y perdidas en sus casas/ nada
falta para poner los cuernos a dos o tres maridos.

ANONYMOUS(1880?)
Epitaph

Here lies the body of my daughter Charlotte,
Born virgin and died a harlot.
For twelve long years she kept her virginity,
Which is quite a record for this vicinity.

Aproximación:
Epitafio
Aquí yace el cuerpo de mi hija Charlotte/ nacida
virgen y muerta puta./ Durante doce largos años
guardó su virginidad/ lo cual fue un récord en esta
vecindad.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Historias imperfectas de Francia: Marcel Jouhandeau

La serie "Historias imperfectas de Francia" recreaba pasajes de la vida y obra de famosos escritores franceses que publicaron obras eróticas. la primera entrega hacía referencia al controvertido Marcel Jouhandeau (1888-1979).


Me dices que tengo algo de santo.
Sí, cuando te miro.
Marcel Jouhandeau








Las manos del viejo se aferran a los travesaños del cabecero. Las manos tiemblan en el empuje, aún aguantan los muslos, la flexión menos atlética de las piernas, la piel se mueve a otro ritmo. Debajo flaquean los músculos. Contrae el rostro a cada embestida y mira la sábana moverse bajo él; si gime, si suspira, cae la dentadura a la cama, escapa una sonrisa de satisfacción y baba que moja alrededor de los dientes. Mira de soslayo el pedazo de carne que cuelga olvidando las durezas. La mano oscura acaricia su espalda y el viejo susurra, monsieur, mon dieu, tu vientre pesa sobre mi cintura, tu verga busca la boca del horno, la entrada de un túnel de un sumidero de alcantarilla. Las alcantarillas de París se visitan con una linterna. Me perforas a escondidas por las tinieblas de terciopelo.

La mano africana toma el cabello del anciano, tira de él, sube el rostro y se mira en el espejo. Tras él, el joven, el rostro fuerte, las manos en las caderas del viejo, sigue empujando mecánicamente, joven el profesional, artista de los trucos y el acoso. El viejo se embelesa en la imagen, en la cara de sonrisa clara y complaciente del joven que domina.

Regardez-moi, jolie. La voz le nubla los ojos. El viejo mira y sonríe la boca desdentada, las arrugas en el pómulo. Ahora se mezcla la sensación, embarga la lenta eyaculación del joven. Regardez-moi, monsieur. El auriga africano mantiene firme el cabello del viejo, tirante y tirantes los músculos más sensibles que dejan huir el semen. El viejo literato desea el fuerte miembro en la suavidad de sus encías, cae la baba por las comisuras, imagina a través del espejo, pierde la vista en la ausente pasión del joven Richard, siente un intento de erección en sí mismo, una pequeña gota le humedece. Tu veux me regarder, regardez-moi petit jolie monsieur. La infracción de la gramática se hace dulce y áspera en el ano del viejo, una compulsión aparece en el cuerpo fuerte y oscuro. Será la última acometida, hincha el pecho el viejo, ese orgullo del placer en los setenta. Se mantiene el acento africano: míreme, míreme, bonito, bonito, eres santo. Cuando se desprenden los dedos del cabello, desbocado ya el anciano, cuando cae la cabeza y las manos sobre el colchón, y la dentadura perdida en las sábanas, el cuerpo joven se balancea, termina. Susurra entonces el viejo sobre la almohada, sí, cuando te miro.

Alfonso Salazar, Tercer Erizo, junio 1994.

viernes, 14 de febrero de 2014

LAS ENTRADAS DE TORTUGA
(de Jardín de Venus, Félix María Samaniego)

Estaba una señora desahuciada
de esa fiebre malvada
que, sin ser, según dicen, pestilente,
se lleva al otro lado a mucha gente.

Sus criados y amigos la asistían
con celo cuidadoso,
pues por tonto tenían
de la dama al esposo
y, así, de su dolencia
nunca le confiaron la asistencia.

Llególe, al parecer, la última hora
a la pobre señora;
trajéronla, muy listos,
agonizantes cristos,
y de la sepultura
la eterna llave con la Sacra Untura.

Después que bien la untaron
y a su placer los frailes le gritaron,
a media noche túvola por muerta
él médico, y dispuso
dejar del todo abierta
la alcoba de la enferma, según uso,
y que, ya sin cuidados,
se acostaran amigos y criados.

Fuéronse todos a dormir bien pronto;
y luego que esto vio el marido tonto,
quedito entro en el cuarto de su esposa,
que nunca más hermosa
le pareció que entonces, porque hacía
un mes que por su mal no la veía.

Mirándola los pechos,
que a torno parecían estar hechos,
y el ojal del encanto,
en que pecara un santo,
dijo: -¿Se ha de comer esto la tierra
sin más ni más? ¡Ah calentura perra!
Llévese entre responsos y rosarios
toda la retención de mis monarios.

Dicho y hecho: de un brinco
montó, enristró, y al golpe, con ahínco
quedó, sin que más quepa,
clavada en su terreno aquella cepa.

¡Vive Dios que producen maravillas
del masculino impulso las cosquillas,
según se prueba en el siguiente caso!,
porque, lector, al paso
que el marido empujaba,
su mujer se animaba,
y, cuando sintió el fuego
del prolífico riego,
abrió los ojos, medio suspirando
y abrazó a quien la estaba culeando.

Entonces las culadas prosiguieron
hasta el día; y los dos las suspendieron
porque entraron las gentes
de la enferma asistentes
en el cuarto, y, hallándola sentada,
en brazos de su esposo reclinada,
se admiran y, -¡Milagro!- repitiendo,
van a llamar al médico corriendo.

Éste, luego que vino,
la tomó el pulso y dijo: -Yo no atino
qué es lo que la habrán dado,
que así se ha mejorado.

Y el marido, que en tanto se reía,
dijo: -Señor doctor, será obra mía,
porque, así que dejaron a mi esposa
los presentes, entre yo con mi cosa
tiesa, como la tiene el que madruga,
y le di cinco entradas de tortuga.

-¡Bravo! -el médico exclama-;
ya comprendo la cura. ¿Y... por qué llama
con tan extraño nombre
la genital operación del hombre?

-¡Toma! -el tonto replica-;
es un modo de hablar que significa...
¡zas!... soplarlo de golpe hasta lo hondo,
cual las tortugas... ¡zas!... se van al fondo.
Pero, si está mal hecho...

-No -el médico le dice-; has acertado,
pues tus entradas son de tal provecho
que a tu pobre mujer vida le han dado.

Así que esto oyó el tonto,
echó a llorar de pronto,
y el doctor, que el motivo no alcanzaba,
le preguntó qué pena le apuraba.

-¡Ay! -respondió afligido-,
que el dolor me lo arruga.
¡Si yo hubiera sabido
que las tales entradas de tortuga
daban vida de cierto,
nunca mis padres se me hubieran muerto!

lunes, 3 de febrero de 2014

AFRODISÍACOS


Cantáridas pidió el novio
porque el apetito aguzan:
astrólogos de quien cuentan
que saben alzar figura.
Quevedo




AFRODISIACO o AFRODISÍACO (aphrodisiakós).- Deriva de Afrodita, diosa griega del amor. 1. Dícese de todo aquello que estimula el apetito sexual. // 2. Sustancia a la que se atribuye esa propiedad.

AFRODISIA.- Exacerbación patológica de la libido. Aparece más generalmente en "individuos tarados mentalmente y como secuela del alcoholismo agudo". Otras veces obedece a afecciones de la piel y las mucosas de los órganos sexuales. Algunos alimentos y medicamentos se dicen afrodisíacos por tener la propiedad de estimular el deseo genésico. La afrodisia recibe también los nombres de satiriasis, en el hombre, y ninfomanía, en la mujer. La afrodisia “puede ser producida por la ingestión de determinados alimentos aunque, más bien, en este caso suele tratarse de un estado de cachondez pasajero y no de una verdadera afrodisia”.

Posiblemente, después de apurar la preciada copa de perlas disueltas en vinagre, Marco Antonio se tendió en el triclinium con uno de sus pies reposando en el suelo, mientras Cleopatra de rodillas junto a él le succionaba con profusión el miembro viril.

A horcajadas entre la realidad y la leyenda puede hallarse esta escena. Sería una invención lo de las perlas, pues más que estimulantes son ponzoñosas. Pero puede ser probable la imagen lúbrica.

Según Juan Eslava Galán lo que atrajo a los más valerosos romanos de la época no fue la irresistible nariz sensual de la última reina del Alto y Bajo Egipto, sino su maestría como felatriz.




En realidad, toda civilización necesita unos lujos alimenticios
y una serie de estimulantes, de excitantes.
Braudel

Marruecos. Si caminas por el zoco percibirás el afloramiento sensual de todos los sentidos, adivinando fuertes olores nunca sentidos anteriormente, colores intensos estallan por el enorme contraste, el oído se agudiza... En las plazas de las antiguas medinas, todo se puede tocar y probar, todo se puede ver y adquirir. Allí puedes comprar cuentos a los narradores, agua a los aguadores o pagar por ver a los encantadores de serpientes haciendo danzar a varias cobras desde una canasta.

Ofrecen kifi para trascender, camaleones para las moscas, mujeres para la soledad; cambian foulards por bolígrafos, plata por pantalones vaqueros y todo por dirhams. Entre los vendedores ambulantes se encuentran personajes, ataviados al mejor estilo árabe, que te proponen obtener la cantárida o mosca española (cantharis vesicalis), coleópteros disecados con los que aseguran que, tras molerlas y consumirlas, mejoran la potencia sexual.
Este afrodisíaco ya era conocido en la antigua Roma, con bastantes buenos resultados. También se usaba, según Teofrasio, el orchis morio griego o cojón de perro, hecho con leche de cabra, que “facultaba para repetir dos docenas de fornicios en una sola sesión”.

Los enamorados musulmanes de Al-Andalus, según El collar de la paloma (tratado sobre el amor compuesto por el cordobés Ibn Hazm hacia 1022), empleaban como enamoradizos “el beber lo que quedó en el fondo de la copa del amado, escogiendo el lugar mismo donde él posó sus labios” o “intercambiando entre sí mechones de pelo perfumados de ámbar y rociados con agua de rosas” o “entregándose uno a otro mondadientes ya mordisqueados o goma de mascar luego de usada”.

La farmacopea de esta época, comercializada en los zocos, nos muestra algunos energéticos afrodisíacos:

  • mézclense almendra, avellana, piñones, sésamo, jengibre, pimienta y peonía, májese en un mortero hasta que resulte una ligera pasta que se ligará luego con vino dulce. El jarabe resultante se debe ingerir al menos una hora antes del proyectado coito.
  • “aquél que se sienta débil para hacer el amor debe beber, antes de irse al lecho, un vaso de miel espesa y comer veinte almendras y cien piñones, observando esta dieta tres días”.
  • existe una pomada “para estimular la erección”, compuesta de euforbio, natrón, mostaza y almizcle ligados en pasta de azucena. Debe friccionarse suavemente por el pene y la espalda.
  • también para mantener el pene erecto se usan los sesos secos y triturados de cuarenta pájaros cazados en época de celo, y mezclados con esencia de jazmín.
  • “para preparar la vulva y estimular el apetito sexual” hay que juntar a partes iguales estos quince elementos: espliego, costo, calabacín, jengibre, jancia, flor de nuez moscada, sandaraca, uñas aromáticas, flor de granado, canela, almizcle, ámbar, incienso, nuez moscada y ácoro falso.


El Kama Sutra incluye entre sus recetas de placer la sangre menstrual; los tratados de magia de la Edad Media hablan de los preparados con mollejas de gallina, orina de toro y sesos de gorrión; en el Sudán se aprecian mucho los órganos sexuales del cocodrilo... Todavía hoy los lapones del Ártico comen (exclusivamente los hombres en edad de procrear) la médula de los huesos de reno previamente calentados al fuego, lo que les proporciona la seguridad viril que el frío les limita.




Diez recetas, un conjuro y tres filtros de amor

Para todo aquel entusiasta, gastrónomo y dado al arte de la investigación en los misterios de la práctica erótica, nos complacemos en transcribir diez recetas, tres filtros de amor y un conjuro, de cuyos resultados no nos hacemos responsables.

Recetas

El orín
Realizar un bebedizo con orines de yegua recién apareada, o en su defecto los de un toro. Era recomendada por Virgilio en el siglo I antes de JC.

El sudor
Frotar en el rostro un paño empapado en la axila del amante. Muy utilizada en la Edad Media para alivio de la impotencia y remedio de la frigidez.

Receta China
Macerar en un cuenco cuerno y testículos de rinoceronte (lo cual ha producido la masacre de esta especie). El almuerzo de pene de tigre en vino, en cognac francés, es manjar exquisito y efectivo.

Receta de Salerno
Cocer bien testículos de cabrito, desmenuzarlos como para hacer albóndigas de carne, añadir yemas de huevo y mejorana y cocinarlos con manzanas rellenas (Escuela Gastronómica de Salerno, siglo XVI)

Criadillas
Justificado su uso por el dicho popular “de lo que se come se cría”, el potaje de criadillas de toro es uno de los brebajes más efectivos para lograr un semen espeso y desarrollar la potencia sexual. A Fernando el Católico le costó la vida un empacho de este estimulante. De procedencia italiana, el pasticcio de testicoli di toro debe condimentarse con canela y nuez moscada, especias inevitablemente afrodisíacas.

El tomate (Solanum Lypopersicum)
Preparación del tomate, en cualquiera de sus variantes. Recomendable su aderezo con espárragos y pimienta. El tomate era apreciado en las culturas precolombinas, como un estimulante eficaz, y como tal fue llevado a Europa, lo cual condujo a la prohibición de su consumo por parte de la Iglesia. El rey francés Luis XVI disfrutaba de su consumo y lo recomendaba a sus vasallos.

La Yohimbina (Coriyante Yohimbé)
Extraída de la corteza del Yohimbé, árbol originario del Camerún. Potente vasodilatador, solamente actúa sobre los capilares que irrigan los órganos sexuales. Se recomiendan entre cinco o diez miligramos diarios como dosis, si bien, como cualquier otro medicamento, varía en sus resultados de una persona a otra. La sobredosis conduce a la muerte.

El Ginseng (Panax Ginseng, en Oriente, y Aralia quinquefolia, en América del Norte)
Reconstituyente reconocido, tonifica el organismo en general, pero su acción sobre la libido es indirecta. Fácil de conseguir en farmacias. Sustituible por la mandrágora, "el ginseng hispano".

La Mandrágora (Mandragora autumnalis)
La forma humana de su raíz facilita las preñeces en mujeres estériles, garantiza los hechizos, sea en su variedad blanca (macho) o negra (hembra). “Metida en la natura de la mujer en cantidad de medio óvulo, atrae el menstruo y el parto”. Fue muy utilizada durante el Medievo. Su utilización inadecuada puede provocar somnolencia y espasmos. Mayor cantidad de la prescrita es mortífera.

Ostras (Ostrea edulis)
La receta fue divulgada por Casanova, y su fama como afrodisíaco llega hasta nuestros días. Es bastante simple: desayunar diariamente doscientas cincuenta ostras.



Conjuro
Recogemos, por último, un conjuro recomendado para “desenojar al galán” de uso en el siglo XVII:

Furioso viene a mí
tan fuerte como un toro
tan fuerte como un horno
tan sujeto estés a mí
como los pelos de mi coño.



Filtros de amor (para hacer esta noche)

El afrodisíaco de la reina
1º Deja en maceración, en un litro de vino tinto y durante cinco días, treinta gramos de ajenjo,
diez rabos de clavel y un quilo de azúcar.
2º Cuélalo y guárdalo bien tapado en una botella. El resultado es un estimulante irresistible, explosivo. Puedes utilizarlo sólo o mezclado con otro vino.

La tierna flor de loto
1º Echa en un vaso de vino un poco de azúcar, una rodaja de limón y una pizca de nuez moscada y clavo.
2º Ponlo todo a hervir a fuego intenso.
3º Después, déjalo enfriar e introduce en el vaso un pétalo de flor de loto.
4º Cuélalo. Y sírvelo muy helado.

Sortilegio nocturno
1º Lleva a ebullición, en una cazuela, un vaso de vino añejo, unos cuantos ramos de clavel, una
cucharada de azúcar, otra de ron y medio vaso de agua.
2º Viértelo en un vaso alto y añade una rodaja de limón.
3º Espolvorea un poco de nuez moscada.
4º Déjalo enfriar.
5º Y si quieres que sus poderes de seducción sean realmente efectivos sírvelo en una noche de luna llena, a las doce en punto.
La música, el sándalo y la luz de las velas ayudan mucho. Quizá no te amen pero tampoco te odiarán.

Rosa Anetti

Bibliografía
Cela, Camilo José: Enciclopedia del erotismo. Barcelona: Destino, 1990
Eslava Galán, Juan: Historia secreta del sexo en España. Madrid: Temas de Hoy, 1991
Font Quer, Pío: Plantas medicinales. El Dioscórides renovado. Barcelona: Labor, 1992
Sánchez Bachiller, Charo y López Neira, Félix: Las otras medicinas. Madrid: Lyder, 1978
Weber, Reinhardt. Afrodisíacos: Alimento de pasiones. Muy Especial: Sexualidad. Madrid, otoño 1991

domingo, 19 de enero de 2014

PARCIALIDAD DEL EROTISMO

En la actualidad, frente a producciones literarias o cinematográficas desbocadas, en lugar de invocar la virtud como en otros tiempos, se pretende distinguir entre lo erótico y lo pornográfico. Hay una nueva forma de hipocresía que consiste en decir: si esta novela (o esta película) fuera erótica yo aplaudiría su calidad; pero como es pornográfica la rechazo con indignación.

Este razonamiento es tanto más inapropiado por cuanto nadie consigue explicar la diferencia. La pornografía es la descripción pura y simple de los placeres carnales; el erotismo es la misma descripción revalorizada, en función de una idea del amor o de la vida social. Todo aquello que es erótico es necesariamente pornográfico, por añadidura. Es mucho más importante distinguir entre lo erótico y lo obsceno. En este caso se considera que es erotismo todo aquello que vuelve la carne deseable, la muestra en su esplendor o florecimiento, inspira una impresión de salud, de belleza, de juego placentero; mientras que la obscenidad devalúa la carne, que así se asocia con la suciedad, las imperfecciones, los chistes escatológicos, las palabras sucias.

Debe distinguirse la novela que contiene pasajes eróticos, de la novela erótica propiamente dicha, que tiene por tema el acto sexual con todas sus variantes. La primera evoca libremente la sexualidad porque su autor piensa que los personajes privados de dicho resorte fundamental estarían incompletos; pero de todos modos sirve a un plan más vasto. La segunda sólo expresa la sexualidad, y nada más; y ello con el objetivo de excitar al lector. No puede calificarse de «novela erótica» el Ulises de James Joyce, a pesar del monólogo final de la señora Bloom, porque es, ante todo, una novela metafísica de los bajos fondos: bajos fondos de la ciudad (cuando el héroe atraviesa el barrio caliente de Dublín), bajos fondos del lenguaje, bajos fondos de la conciencia humana. Las novelas de Sade, por el contrario, son eróticas, escritas para saciar una excitación sexual furiosa, y, llegado el caso, trasmitirla a otro.


Sarane Alexandrian (Historia de la Literatura Erótica)


domingo, 12 de enero de 2014

EN LA REALIDAD CARNAL

Antonin Artaud nos dejó dicho que nada hay más profundo que la piel. Y desde aquí hacia lo más hondo. No podemos confundir palabras generales, así sexo no es erotismo, ni erotismo residente de los genitales, ni genitales simple apertura, humedad, recarga de sangre y temperaturas corporales. Pero sexo, eros -con o sin genitalidad- siempre ha de ser carnalidad. Carnalidad que se palpa o carnalidad que se huele, carnalidad que se ve o carnalidad que se imagina entrando por sextos sentidos.

Las casi 100.000 potentes terminaciones nerviosas que recorren nuestra piel no pueden ser obviadas; la ubicación de éstas, tampoco. Nuestra década parece decantarse por un sexo desplazado a segundos planos, como si una supuesta libertad sexual nos hubiese hastiado. La capacidad de sublimación humana conduce al intento de lograr orgasmos a través de actividades como la satisfacción laboral o el triunfo deportivo, colocándonos más allá del contacto, seres místicos en el estado de la meditación, la pureza y la perfección.

El propio Epicuro decía que el comercio carnal no puede aportar nada bueno al ser humano. Así se nos muestran los nuevos defensores de la castidad: no todo es sexo en esta vida, debe ser superado, no se puede depender de él, se convierte en una adicción, debes manejar tus apetencias, puedes sentirte realizado en otras actividades. Y defienden así que la castidad no es cuestión de pecado, represión y mojigatería, sino cuestión opcional y respetable de conseguir la felicidad por otros derroteros. Por eso recordamos e invocamos desde aquí a Artaud: nada hay más profundo que la piel. Y no sólo el frío estimulan,un pezón, añadimos. 

Aquel que olvida la predisposición de su sistema nervioso, las relaciones entre caricia-piel-placer, podrá lograr desde su pureza el orgasmo futuro de la realidad virtual. Nosotros hemos optado por la realidad carnal.


El Erizo Abierto, febrero 1994
Dibujo, Luis Miguel Aguilera

domingo, 5 de enero de 2014

LOS BORBONES EN PELOTA

Una desacertada sensiblería hizo de Gustavo Adolfo Bécquer un romanticón adalid de versos que cantasen adolescentes. Pero es cierto que, si bien poca cosa publicó en vida –sueltos en revistas y otras publicaciones-, Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, que es como se llamaba el sevillano, conoció la gloria después de muerto. De hecho, se le atribuyen varias frases en el lecho de muerte, y entre ellas un profético “Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor leído que vivo”. La aparente sencillez de su poesía funde la influencia germánica con el cantar andaluz -cosa que casi ningún crítico y poeta entendió en su momento y las consideraban vulgares composiciones de escaso valor. Su tributo al misterio de la creación artística, tuvo bien pronto eco en el pueblo llano, que se lanzó a cantar por las calles sus pupilas azules, sus golondrinas que no volverán, sus suspiros que van al aire y sus lágrimas que van al mar… Pues los rasgos de su obra, la concisión, la poesía desnuda y sin pompa, el drama, la queja y su tono trágico y hondo, entroncaba perfectamente con la tradición popular española. No en vano, comentaba Bécquer en El Contemporáneo: «... la poesía popular es la síntesis de la poesía. El pueblo ha sido, y será siempre, el gran poeta de todas las edades». Y fue ese pueblo quien lo puso en la historia de la literatura. Ese pueblo, y sobre todo, su amigo Casado del Alisal, a quien se le ocurrió en el funeral de Gustavo Adolfo recopilar sus poemas y publicarlos, bajo suscripción popular, decisión tomada en una nochebuena de 1870.

En aquella publicación póstuma debían también publicarse los grabados de su hermano Valeriano, tres años mayor que él, y quien había fallecido solamente tres meses antes. Ninguno de los hermanos Bécquer, inseparables, había alcanzado la edad de cuarenta años. Una salud frágil que se complicó con tuberculosis y sífilis en el poeta y una hepatitis aguda el pintor, se aunaron a fines de 1870. Pero el dinero recaudado tras el entierro no dio para publicar ambos legados fraternales y solo alcanzó para las Obras del poeta, editadas en julio de 1871.



Valeriano y Gustavo Adolfo fueron dos hermanos unidos desde la infancia por la pronta orfandad y hasta compartieron casa e hijos, cuando la mujer del segundo, Casta –hija del médico que atendió la sífilis de Gustavo Adolfo- le puso los cuernos al poeta con un maleante apodado “El Rubio”. A ellos se atribuye, bajo el seudónimo SEM, una colección de láminas satíricas, 89 acuarelas glosadas, conservada en la Biblioteca Nacional de Madrid (adquirida en 1986) y publicados por primera vez en 1991 (no es una errata) por Museo Universal bajo el título «Los Borbones en pelota». La atribución es motivo de controversia. Gustavo Adolfo no se caracterizó por confraternizar con los liberales, y mantuvo bastantes amistades entre los partidarios conservadores, aquellos que más le hablaban de cuadros, de poesías, de catedrales, de reyes y de nobles, es decir, por convicciones más estéticas que puramente políticas. Sin embargo, su protector fue el gaditano Luis González Bravo y López de Arjona, uno de los últimos presidentes de Isabel II y personaje de la sátira gráfica, lo cual proyecta más dudas sobre la autoría, que algunos atribuyen al humorista Francisco Ortego.



Pero sea como sea, la colección describe de manera atrevida y procaz a  Isabel II y toda su Corte. Junto a la reina –desprovista ya del trono por entonces por virtud de la revolución de 1868 llamada la Gloriosa-, los humoristas gráficos muestran al rey consorte Francisco de Asís, a quien el pueblo llamaba Paquita Natillas (Paquita Natillas es de pasta flora y mea en cuclillas como las señoras, cantaban por Madrid o bien: Isabelona, tan frescachona y don Paquita, tan mariquita); sor Patrocinio, "la monja de las llagas"; el confesor de la reina Padre Claret; el por entonces amante real Carlos Marfori y el susodicho presidente del consejo de ministros González Bravo, en unas sorprendentes acuarelas que no deja títere con cabeza ni cabezón de pene sin funda.



«Los Borbones en pelota» no altera solo –incluso hoy- a los monárquicos más recalcitrantes, sino a segmentos progresistas escandalizados por la incorrección política. Pues la audacia de los ilustradores presenta a la reina casi siempre desnuda y en actitud obscena con su corte, fornicando con su amante o con un borrico; muestra a sus cortesanos en escenas imposibles de falos entrecruzados; al rey consorte ensartado por el confesor o como pajillero mayor de la Corte. En definitiva, un compendio de masturbación, zoofilia, relaciones lésbicas, sodomía y orgía, no exento de simbolismo político, que vino a celebrar la caída de la reina y divulgó los rumores sobre la fogosa sensualidad de la reina y el desenfreno de la corte a través de la caricatura y el ridículo.


Desde la edición primera de Museo Universal, la obra también ha sido editada por la Compañía Literaria (1996) y la Institución Fernando el Católico (2012).










Alfonso Salazarmendías