domingo, 19 de enero de 2014

PARCIALIDAD DEL EROTISMO

En la actualidad, frente a producciones literarias o cinematográficas desbocadas, en lugar de invocar la virtud como en otros tiempos, se pretende distinguir entre lo erótico y lo pornográfico. Hay una nueva forma de hipocresía que consiste en decir: si esta novela (o esta película) fuera erótica yo aplaudiría su calidad; pero como es pornográfica la rechazo con indignación.

Este razonamiento es tanto más inapropiado por cuanto nadie consigue explicar la diferencia. La pornografía es la descripción pura y simple de los placeres carnales; el erotismo es la misma descripción revalorizada, en función de una idea del amor o de la vida social. Todo aquello que es erótico es necesariamente pornográfico, por añadidura. Es mucho más importante distinguir entre lo erótico y lo obsceno. En este caso se considera que es erotismo todo aquello que vuelve la carne deseable, la muestra en su esplendor o florecimiento, inspira una impresión de salud, de belleza, de juego placentero; mientras que la obscenidad devalúa la carne, que así se asocia con la suciedad, las imperfecciones, los chistes escatológicos, las palabras sucias.

Debe distinguirse la novela que contiene pasajes eróticos, de la novela erótica propiamente dicha, que tiene por tema el acto sexual con todas sus variantes. La primera evoca libremente la sexualidad porque su autor piensa que los personajes privados de dicho resorte fundamental estarían incompletos; pero de todos modos sirve a un plan más vasto. La segunda sólo expresa la sexualidad, y nada más; y ello con el objetivo de excitar al lector. No puede calificarse de «novela erótica» el Ulises de James Joyce, a pesar del monólogo final de la señora Bloom, porque es, ante todo, una novela metafísica de los bajos fondos: bajos fondos de la ciudad (cuando el héroe atraviesa el barrio caliente de Dublín), bajos fondos del lenguaje, bajos fondos de la conciencia humana. Las novelas de Sade, por el contrario, son eróticas, escritas para saciar una excitación sexual furiosa, y, llegado el caso, trasmitirla a otro.


Sarane Alexandrian (Historia de la Literatura Erótica)


domingo, 12 de enero de 2014

EN LA REALIDAD CARNAL

Antonin Artaud nos dejó dicho que nada hay más profundo que la piel. Y desde aquí hacia lo más hondo. No podemos confundir palabras generales, así sexo no es erotismo, ni erotismo residente de los genitales, ni genitales simple apertura, humedad, recarga de sangre y temperaturas corporales. Pero sexo, eros -con o sin genitalidad- siempre ha de ser carnalidad. Carnalidad que se palpa o carnalidad que se huele, carnalidad que se ve o carnalidad que se imagina entrando por sextos sentidos.

Las casi 100.000 potentes terminaciones nerviosas que recorren nuestra piel no pueden ser obviadas; la ubicación de éstas, tampoco. Nuestra década parece decantarse por un sexo desplazado a segundos planos, como si una supuesta libertad sexual nos hubiese hastiado. La capacidad de sublimación humana conduce al intento de lograr orgasmos a través de actividades como la satisfacción laboral o el triunfo deportivo, colocándonos más allá del contacto, seres místicos en el estado de la meditación, la pureza y la perfección.

El propio Epicuro decía que el comercio carnal no puede aportar nada bueno al ser humano. Así se nos muestran los nuevos defensores de la castidad: no todo es sexo en esta vida, debe ser superado, no se puede depender de él, se convierte en una adicción, debes manejar tus apetencias, puedes sentirte realizado en otras actividades. Y defienden así que la castidad no es cuestión de pecado, represión y mojigatería, sino cuestión opcional y respetable de conseguir la felicidad por otros derroteros. Por eso recordamos e invocamos desde aquí a Artaud: nada hay más profundo que la piel. Y no sólo el frío estimulan,un pezón, añadimos. 

Aquel que olvida la predisposición de su sistema nervioso, las relaciones entre caricia-piel-placer, podrá lograr desde su pureza el orgasmo futuro de la realidad virtual. Nosotros hemos optado por la realidad carnal.


El Erizo Abierto, febrero 1994
Dibujo, Luis Miguel Aguilera

domingo, 5 de enero de 2014

LOS BORBONES EN PELOTA

Una desacertada sensiblería hizo de Gustavo Adolfo Bécquer un romanticón adalid de versos que cantasen adolescentes. Pero es cierto que, si bien poca cosa publicó en vida –sueltos en revistas y otras publicaciones-, Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, que es como se llamaba el sevillano, conoció la gloria después de muerto. De hecho, se le atribuyen varias frases en el lecho de muerte, y entre ellas un profético “Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor leído que vivo”. La aparente sencillez de su poesía funde la influencia germánica con el cantar andaluz -cosa que casi ningún crítico y poeta entendió en su momento y las consideraban vulgares composiciones de escaso valor. Su tributo al misterio de la creación artística, tuvo bien pronto eco en el pueblo llano, que se lanzó a cantar por las calles sus pupilas azules, sus golondrinas que no volverán, sus suspiros que van al aire y sus lágrimas que van al mar… Pues los rasgos de su obra, la concisión, la poesía desnuda y sin pompa, el drama, la queja y su tono trágico y hondo, entroncaba perfectamente con la tradición popular española. No en vano, comentaba Bécquer en El Contemporáneo: «... la poesía popular es la síntesis de la poesía. El pueblo ha sido, y será siempre, el gran poeta de todas las edades». Y fue ese pueblo quien lo puso en la historia de la literatura. Ese pueblo, y sobre todo, su amigo Casado del Alisal, a quien se le ocurrió en el funeral de Gustavo Adolfo recopilar sus poemas y publicarlos, bajo suscripción popular, decisión tomada en una nochebuena de 1870.

En aquella publicación póstuma debían también publicarse los grabados de su hermano Valeriano, tres años mayor que él, y quien había fallecido solamente tres meses antes. Ninguno de los hermanos Bécquer, inseparables, había alcanzado la edad de cuarenta años. Una salud frágil que se complicó con tuberculosis y sífilis en el poeta y una hepatitis aguda el pintor, se aunaron a fines de 1870. Pero el dinero recaudado tras el entierro no dio para publicar ambos legados fraternales y solo alcanzó para las Obras del poeta, editadas en julio de 1871.



Valeriano y Gustavo Adolfo fueron dos hermanos unidos desde la infancia por la pronta orfandad y hasta compartieron casa e hijos, cuando la mujer del segundo, Casta –hija del médico que atendió la sífilis de Gustavo Adolfo- le puso los cuernos al poeta con un maleante apodado “El Rubio”. A ellos se atribuye, bajo el seudónimo SEM, una colección de láminas satíricas, 89 acuarelas glosadas, conservada en la Biblioteca Nacional de Madrid (adquirida en 1986) y publicados por primera vez en 1991 (no es una errata) por Museo Universal bajo el título «Los Borbones en pelota». La atribución es motivo de controversia. Gustavo Adolfo no se caracterizó por confraternizar con los liberales, y mantuvo bastantes amistades entre los partidarios conservadores, aquellos que más le hablaban de cuadros, de poesías, de catedrales, de reyes y de nobles, es decir, por convicciones más estéticas que puramente políticas. Sin embargo, su protector fue el gaditano Luis González Bravo y López de Arjona, uno de los últimos presidentes de Isabel II y personaje de la sátira gráfica, lo cual proyecta más dudas sobre la autoría, que algunos atribuyen al humorista Francisco Ortego.



Pero sea como sea, la colección describe de manera atrevida y procaz a  Isabel II y toda su Corte. Junto a la reina –desprovista ya del trono por entonces por virtud de la revolución de 1868 llamada la Gloriosa-, los humoristas gráficos muestran al rey consorte Francisco de Asís, a quien el pueblo llamaba Paquita Natillas (Paquita Natillas es de pasta flora y mea en cuclillas como las señoras, cantaban por Madrid o bien: Isabelona, tan frescachona y don Paquita, tan mariquita); sor Patrocinio, "la monja de las llagas"; el confesor de la reina Padre Claret; el por entonces amante real Carlos Marfori y el susodicho presidente del consejo de ministros González Bravo, en unas sorprendentes acuarelas que no deja títere con cabeza ni cabezón de pene sin funda.



«Los Borbones en pelota» no altera solo –incluso hoy- a los monárquicos más recalcitrantes, sino a segmentos progresistas escandalizados por la incorrección política. Pues la audacia de los ilustradores presenta a la reina casi siempre desnuda y en actitud obscena con su corte, fornicando con su amante o con un borrico; muestra a sus cortesanos en escenas imposibles de falos entrecruzados; al rey consorte ensartado por el confesor o como pajillero mayor de la Corte. En definitiva, un compendio de masturbación, zoofilia, relaciones lésbicas, sodomía y orgía, no exento de simbolismo político, que vino a celebrar la caída de la reina y divulgó los rumores sobre la fogosa sensualidad de la reina y el desenfreno de la corte a través de la caricatura y el ridículo.


Desde la edición primera de Museo Universal, la obra también ha sido editada por la Compañía Literaria (1996) y la Institución Fernando el Católico (2012).










Alfonso Salazarmendías

miércoles, 25 de diciembre de 2013

LOS ALEGRES SOVIETS

Aunque perteneciente a la edición del muy reciente octavo Erizo (Erizo20), el colorido de las ilustraciones nos obliga a colocarlo en este blog, ya que la edición en papel nos obligó a su reproducción en blanco y negro. Tropezamos en la web con esta pequeña joya soviética, y metimos las imágenes -no muy cuidadas- en nuestro taller para restaurarlas. Aquí tenéis LOS ALEGRES SOVIETS.

LOS ALEGRES SOVIETS

La imagen histórica del régimen soviético es de un profundo oscurantismo, donde el sexo fue brutalmente reprimido. Y así lo cuentan los testimonios de qué sucedió en aquella unión de repúblicas, donde la obsesión por la creación de un "hombre nuevo" conllevaba desechar el amor romántico y la vida sexual como un concepto burgués. Pero en un principio, el sexo fue tratado por las Juventudes Comunistas como una satisfacción más que había que atender, como el hambre o el sueño, eso sí, desmitificando el asunto.

Fue el momento de las manifestaciones nudistas y la exaltación del amor libre, la abolición de los celos y de la familia, del matrimonio burgués, a lo que se sumaba en el caos, la propiedad estatal de las mujeres mayores de 18 años. Pero hubo que darle la vuelta a la tortilla dadas las consecuencias (escalada de los abortos, de la orfandad, utilización de los divorcios como un uso económico) que empañaban la creación del "hombre nuevo". Klara Zetkin lo expresó de esta manera: "La ausencia de control en la vida sexual es un fenómeno burgués. La revolución necesita una concentración de fuerzas. Los excesos salvajes en la vida sexual son síntomas reaccionarios. Necesitamos mentalidades sanas". Surge así una nueva involución que plasmó el régimen estalinista en su concepto de virtud. Se recuperó el concepto de familia, pero como una delegación estatal cuya responsabilidad era la formación ideológica de las nuevas generaciones comunistas. La familia será entonces la "unidad de producción humana" para aumentar la natalidad y expandir la población de los soviets.

Pero en 1931, Serguéi Dmítriyevich Merkúrov, quien fue Artista del Pueblo de la URSS y director del Museo Pushkin de Moscú, ilustra un alfabeto para luchar contra el analfabetismo entre el campesinado, parece ser. Merkúrov está considerado el más importante maestro soviético de máscaras mortuorias y destacó en su faceta de escultor monumental, y firmó los tres mayores monumentos dedicados a Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, el camarada Stalin.

Para ello, se inspiró en la imaginería grecolatina, con escenas de sátiros, cupidos, penes volanderos, cuerpos atléticos, seres alados, coronas de laurel mezcladas con las de reyes sicalípticos, referencias homosexuales y ciertos toques de excitantes medias art decó. Una original manera de aprender cirílico.


Alfonso Salazarmendías







































domingo, 22 de diciembre de 2013

LAS CITAS MAESTRAS DEL ERIZO, 6



Observó que una de mis medias estaba arrugada. La estiré y me ajusté la liga. El espectáculo lo estremeció. Me mostró su pene, tenso. Me pidió que me levantara el vestido. Lo obedecí y empecé a ondularme, moviéndome como si esperara que me alanceara. Cuando ya no pudimos resistir más la excitación, fuimos a su habitación, me tiró sobre la cama y me tomó por detrás.
Incesto - Anaïs Nin

POEMA PARA NIÑOS ADÚLTEROS
No creer todo lo que os digan,
el lobo no es tan malo como Caperucita.
Historia de Gloria - Gloria Fuertes

Mientras tú estás en la cama
con las teticas calientes,
yo estoy bajo tu ventana
con la chorra hasta los dientes.
Jota popular aragonesa

Nuestras piernas quedaron trenzadas, y su pene en erección comenzó a frotarse contra el mío, tan duro y erecto como el suyo.
Teleny - Oscar Wilde

A la simpática vaca roja y blanca, quiero con todo mi corazón; con todas sus fuerzas me da nata; la tomo con tarta de manzana.
Robert Louis Stevenson

¿No es acaso la mujer quien elige al hombre y le vence con la dulzura de su presencia, y le ordena que se acueste boca arriba en el surco y allí, cabalgando sobre él, como sobre un potro salvaje domado a su voluntad, toma de él su placer y cuando ha terminado le deja tumbado como un hombre muerto?
El vellocino de oro - Robert Graves

Hay más hijos de Ogino que hijos de puta.
Proverbio pasiego

Oh Dios! ¡Qué hermosa estaba! Si la Magdalena era así, debió de ser mucho más peligrosa como penitente que como pecadora.
Las amistades peligrosas - Pierre Choderlos de Laclos

Pero no dejes de darle a los riñones: toda reconciliación consiste en eso únicamente y no más.
Ovidio

El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores.
Woody Allen

Si estamos solos, dejamos la lámpara encendida para vernos bien, y yo puedo gritar todo lo que quiera sin que nadie tenga que metertse y tú me dices en la oreja todas las porquerías que se te ocurran.
Cien años de soledad - García Márquez

Las putas no viven hasta que aprenden a vender el coño y no la pasión...
Opus pistorum - Henry Miller

Al verla pasar, dos hombres se detuvieron.
- ¡Hum...! -comentó el primero.
- Sí -respondió el segundo.
Marsella comenzaba a despertar - Boris Vian

Un coño peludo se jode mucho mejor que uno depilado.
Aquel retiene mejor los vahos y tira, al mismo tiempo, de la verga.
Grafito en una pared de Pompeya (siglo I)

Él, sin dejar de galopar para no perder tiempo, se inclinó, la tomó de la cintura, la subió al caballo delante de él, pero acomodándola frente a frente y se la llevó. El caballo, aparentemente siguiendo también órdenes superiores, siguió galopando como si supiera perfectamente cuál era su destino final, a pesar de que Juan le había soltado las riendas para poder abrazar y besar apasionadamente a Gertrudis. El movimiento del caballo se confundía con el de sus cuerpos mientras realizaban su primera copulación a todo galope y con alto grado de dificultad.

Como agua para chocolate - Laura Esquivel

EN DEFENSA DE LA PORNOGRAFÍA



Siempre resulta agradable ver cómo se tambalea la mojigatería; por esta razón, cada vez que leo artículos en defensa de la pornografía hago cuanto puedo para encontrarlos dignos de alabanza. No obstante, últimamente he venido perdiendo entusiasmo, y ahora que he analizado un buen número de recientes tratados anticensura creo saber el porqué. Los escritores mienten. Siempre puede encontrarse un claro tufo de hipocresía pegado a su prosa, además de mezquindad en sus argumentos.

Aparentemente resultan ser valientes libertarios prestos a batallar contra las fuerzas de la reacción, pero entre líneas siempre hay alguien diciendo cosas como estas:

(a) Odio la censura en todas sus formas, pero esto no significa que en realidad me guste la pornografía.
(b) De hecho, ni siquiera la apruebo, excepto cuando puedo llamarla ‘escritura erótica’ y hacerla pasar por literatura.
(c) Nunca la defendería ante un tribunal, a no ser que pudiera encontrarle algún valor educativo, artístico o psiquiátrico que la hicieran parecer respetable.
(d) Sólo la leo por motivos profesionales, y siento una enorme lástima por aquellos que la leen por placer.
(e) Y por supuesto nunca me masturbo.

Esto -una vez eliminada la retórica- es el punto de vista generalizado entre los críticos liberales. De principio a fin nuestro autor permanece socialmente inmaculado y -al menos para mí manifiestamente irreal. Es como un hombre que en la práctica desprecie las casas de prostitución, pero que no le importe defenderlas teóricamente, siempre que hayan sido diseñadas por Mies van der Rohe y en ellas trabajen agentes sociales vestidos por Balenciaga.

En este punto me gustaría proponer una definición. Por pornografía entendemos aquella escritura cuya exclusiva intención es la de causar placer sexual. Y no hablo de novelistas como D.H. Lawrence o Henry Miller; el sexo es a menudo su tema, pero nunca la excitación es su principal objetivo, y si por casualidad nos excitan, nuestras cremalleras siguen resueltamente subidas, conscientes de que lo que sentimos es tan sólo una parte casual de un complejo diseño literario. Lo que aquí discutimos es algo distinto: pornografía abierta, orgásmica en intención y libre de las motivaciones últimas del arte. Para los hombres tiene un sencillo y localizado propósito: provocar una erección. Y cuanto más hábilmente mejor. Contrariamente a la creencia popular, hacen falta disciplina y dedicación para ser un pornógrafo de primera fila, y sólo la más sutil mezcla de ritmo y repetición puede producir los resultados deseados. Estos suelen tomar la forma de la masturbación solitaria -generalmente, pero no siempre. En cualquier caso, la meta de la pornografía es siempre el goce físico, por mucho que los liberales lo desdeñen y el público en su conjunto parezca siempre dispuesto a mandarlo a la hoguera. Creo, por tanto, que merece unas cuantas palabras de exculpación y agradecimiento.

Puesto que la pornografía lleva a cabo una obvia función física, los críticos literarios se han negado a considerarla una forma de arte. Según sus cánones, el arte es algo que apela a conceptos etéreos tales como el alma y la imaginación; cualquier cosa que apele a los genitales entra en la categoría de masaje. Lo que olvidan es que el lenguaje puede ser usado de muchas formas complejas y delicadas para estimular el pene. No es simplemente una cuestión de bombardear al lector con palabras guarras. Como Lionel Trilling dijo en su memorable y lúcido artículo sobre el tema:

No veo ninguna razón ética ni estética por la cual la literatura no deba tener como uno de sus objetivos el suscitar pensamientos de lujuria. Es uno de sus efectos, y quizás una de las funciones de la literatura el provocar deseo, y no encuentro ninguna base para decir que el placer sexual no debiera encontrarse entre los muchos objetos de deseo que la literatura nos propone, junto con el heroísmo, la virtud, la paz, la muerte, la comida, la sabiduría, Dios, etc.

Este es el argumento central de la pornografía como arte. No se puede expresar de manera más concisa ni más irrefutable. Si un escritor usa artificios literarios para provocar el goce sexual está haciendo un trabajo de artista. Sólo a él le concierne decidir si las palabras guarras le van a ayudar en su proyecto. C.S.Lewis, un gran crítico literario amén de apologista cristiano, en cierta ocasión me sorprendió al decirme que su objeción a las palabras venéreas era que éstas son antiafrodisíacas. Añadió que, desde tiempos remotos, los mejores escritores siempre han sabido que un acercamiento oblicuo al sexo ofrece mejores dividendos eróticos. (El acercamiento directo, me decía, significa que uno se tiene que rebajar al lenguaje del jardín de infancia, de la taberna, o bien del libro de medicina. Y estas no son posiblemente las asociaciones que uno quisiera evocar.) Pero eso es tan sólo una cuestión de gusto.
Cualquiera que sea la técnica que el autor emplee, siempre tendremos el derecho de juzgar
el resultado final como una obra artística. Y el criterio básico, en el caso de la pornografía, siempre será si consigue excitarnos o no. En el caso de que así no sea estaremos en condiciones de hablar de un fracaso artístico.

Sin embargo no debo caer en la trampa de sugerir que la pornografía sólo es susceptible de defensa cuando pueda considerarse como arte. Al contrario, es defendible en sí misma y por derecho, no importa si es arte o no lo es, ni siquiera si está bien o mal escrita. La libertad para escribir de sexo tiene necesariamente que incluir la libertad para escribir mal.

Muy pocos críticos actuales son capaces de escribir acerca del porno sin temblar llenos de prejuicios. Puede notarse en ellos una preocupación constante por la opinión que sus lectores puedan hacerse de ellos; nunca debe sospecharse que disfrutan con su lectura porque ello equivaldría a admitir que se masturban. En consecuencia, suelen adoptar un tono jocoso a la defensiva, cuando no una actitud indulgente. A veces se deshacen en mares de compasión por aquellos que son capaces de salir a comprar el obsceno producto –la clase de compasión que es prima hermana del desprecio. Por supuesto, no hay ni que mencionar a los predicadores oficiales, para los cuales toda pornografía es basura subversiva y debiera ser destruida.

Únicamente en los trabajos de críticos inteligentes es donde puede notarse ese particular tono de velado disgusto liberal, algo así como el de un profesor de toxicología empeñado en asegurarnos cada cinco segundos que jamás ha envenenado a nadie. Este tono es perceptible incluso en Los otros victorianos, de Steven Marcus, un sobrevalorado y a menudo astuto estudio sobre la pornografía en la Inglaterra decimonónica.

Permítaseme señalar algunos de los errores, ambigüedades y confusiones críticas que detecto en su libro:

(1) Sobredependencia del dogma freudiano. El profesor Marcus usa en el prólogo a su libro la
famosa cita en la que Freud proclama que los mayores logros culturales se consiguen por medio de la sublimación de los componentes del instinto sexual. En otras palabras, cuanta menos energía se invierta en sexo, mayor será la probabilidad de producir una obra de arte. Esta hipótesis carece de base científica alguna. Es como decir que si acumulas la leche suficiente, de alguna forma se podrá convertir en vino algún día.
(2) Sobreadicción al simbolismo freudiano. Al describir un manual victoriano sobre pornografía, el profesor Marcus señala que muchas veces su autor inserta una página entera de notas para
sólo una línea de texto. Añade que uno está tentado de ver en este hecho una iconografía inconsciente: bajo una enorme cabeza aparece adosado un enorme apéndice. Resiste la tentación, Marcus: esto es una broma subfreudiana de la peor especie. Más adelante, el profesor cita a un pornógrafo que disimuladamente -y para evitar la repetición utiliza la palabra evacuación para referirse a la eyaculación. Si uno continúa con la metáfora, comenta Marcus con insufrible pedantería, se empieza a ver el pene como una columna fecal o bien como la parte inferior de los intestinos, con lo cual el cuerpo de la mujer, y más concretamente sus genitales se convierten en un retrete, etc. Ten cuidado al ampliar las metáforas, Marcus, particularmente si son anales. Siguiendo con los ejemplos, cuando en otra ocasión un héroe porno se dispone a desvestir a una muchacha y dice que descubrió bellezas capaces de revivir a los muertos, el profesor Marcus insiste que esa frase es una referencia inconsciente al autor y sus lectores: ellos son los muertos que necesitan ser revividos. Si empezamos a interpretar con tópicos de ese estilo, entonces entramos en un campo de minas cada vez que le quitamos la funda a nuestras máquinas de escribir.
(3) Censura moral enmascarada de desaprobación estilística. Marcus tiene el hábito de atacar
a la pornografía en particular con conceptos aplicables a la literatura en general. En cierto momento cita una frase que utiliza torpemente adjetivos como voluptuoso, amoroso, y tumultuoso. Esto le sirve a él para decir que, puesto que son vagos e inespecíficos, expresan una importante tendencia de la pornografía. Nada de eso: lo que expresan es una tendencia existente en la mala literatura de cualquier tipo. La escritura farragosa no es más aberrante en pornografía que en Norman Vincent Peale.


Extracto del ensayo introductorio «In praise of hard core» de Kenneth Tynan para la edición de DIRTY MOVIES (An illustrated history of the stag film) 1915-1970, Chelsea House, NY, London, 1976. Traducción al castellano de Jesús Palomo.

SONETOS EN CONVERSACIÓN



De cómo un amante, flojo del muelle, en pleno goce del amor, ventosea y se muestra cuitado

Cimero ya, y en pleno beneficio,
por delante genial, de atrás mezquino,
de raras veleidades del destino
vine a caer en turbio precipicio.

Que en pleno redoblillo del fornicio,
en plena flor del árbol uterino,
ingrata popa mía, no se avino
a sellar con honor tan grato oficio.

Torpe amante quien rompe en un momento
una tarde de amor por ventolero
y arrebatado culo flatulento.

De trompetilla fue, mas traicionero,
que por mi raspa fría subió un viento
a enturbiarnos el último te quiero.

Javier Egea


Consuelos y varapalos para Javier Egea, que ventoseó fornicando

Un pedo inoportuno es cosa leve,
un juego intrascendente del destino
(suponiendo no sea cuento chino
echaras ese polvo que te mueve

a contarme el suceso). Pero aleve
si en vez de fornicar con tan buen tino
andaban devorándote el pepino
en eso que llamáis sesentaynueve.

La cosa (si así fue) tiene más tela,
pues anda la nariz por un terreno
tan próximo al meollo del estruendo

que sólo se escabulle quien recela
las ocurrencias del ojete ajeno
y trae la mascarilla y el fonendo.

Así que, resumiendo,
hay cosas que se tornan preocupantes:
no quedan culos ya como los de antes.

Enrique Vázquez de Sola